El desagüe de dios

Taiga es contable y tan ordenado en sus cuentas como en su armario donde cuelgan 7 camisas blancas, 3 pares de trajes negros y 2 corbatas del mismo color.

Taiga  es también un hombre ordenado en sus costumbres, en su higiene, en sus horarios y en su vida. Un hombre meticuloso que, a sus 35 años, encuentra la paz en un orden predecible en mitad de una ciudad efervescente, colapsada y ruidosa.

Taiga combina las cuentas con los culos. No como un fetichismo propio de personas que se mueven por impulsos ni como una parafilia más propia de personas que no son capaces de controlar cada segundo de su vida y su pensamiento. Simplemente los culos están en su cabeza desde que empezara a quitarle la ropa a las muñecas de sus hermanas.

Taiga desayuna una sopa miso a las 5:30 h de la mañana antes de meterse en la jungla de raíles que es el metro de Tokio en hora punta. A las 6:30 h está frente a un faraónico libro de excel y a las 12 h sale a comer. Los lunes y jueves come ramen en un restaurante de culos. De culos de plástico. La sopa japonesa emerge de un ano de plástico y dos cachetes, de plástico también, sujetan su cara mientras deglute la comida. A Taiga no le parece atractiva la comida occidental. Aunque le ofreciesen 12 sándwiches de la cadena española Rodilla, no encuentra ningún atractivo a comer crema batida entre pan de molde. Sin embargo, beberse una sopa que sale de un culo es algo que considera no solo normal y correcto, sino apetitoso.  Taiga no invierte demasiado tiempo en fantasear, le parece una pérdida de tiempo y está más cómodo en su mundo de sumas y restas, así que nunca se ha parado a pensar de dónde vienen los culos de plástico de donde come los lunes y los jueves.

Todos los días a las 4 de la mañana Wataru, el dueño del restaurante de culos de plástico frecuentado por Taiga, acude al mercado de abastecimiento a comprar las materias primas de la comida que prepararán durante la jornada. Cuando ha terminado con el pescado y las verduras, entra en una sala contigua al mercado, pequeña y demasiado bien iluminada, a comprar palillos, platos, vasos y culos de plástico. Los culos se desgastan con rapidez y es necesario reponerlos prácticamente a diario. Cada cliente tiene sus preferencias y Wataru elige cada culo uno a uno con sumo cuidado. Acerca su cara, los toca, huele el plástico, se asoma por el ano. Hay distintas formas, distintos tamaños, distintos tonos de piel y todos ellos tienen que ser el plato perfecto donde se servirá su delicioso ramen. Aunque no sean platos y no podamos decir que se en ellos “se sirva”, exactamente.

Taiga nunca se ha planteado si tiene una patología. No se le ha ocurrido psicoanalizarse, no ha oído hablar de la etapa anal de Freud -de sus teorías, no del padre del psicoanálisis- y ni siquiera se le ha ocurrido pensar que quizá debería complementar si no sustituir los culos de plástico por culos reales más allá del restaurante de los viernes -donde el postre es un beso negro, pero esta vez carnal-.  Taiga no mezcla los culos con el amor porque el amor no se puede controlar, por tanto no lo quiere en su vida.

A Taiga le gustan los culos. También los de plástico. Sin más.

La foto Prayer [La priere]” de Man Ray (1930)
Una canciónAll about that bass” de Meghan Trainor

Este cuento no habría sido posible sin el contexto de una semana muy escatológica en el Otujo bueno y sin que David me hubiese enviado esta noticia (que no sé si es fake, la foto es más antigua de lo que pone la noticia) y hubiese puesto las miguitas de pan para que naciera el cuento (además del título). 

 

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