L’orage

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Cuando el viento percute la persiana contra el cristal, hay un lugar al que volvería: tus brazos. Tus manos cansadas de bucear entre libros. Tu espalda desplomada entre tu almohada y la mía, buscando el descanso que no conoce fuera de nuestra cama.

Recuerdo en rojo las noches de tormenta en la cima del edificio de cristal y vuelo en mi memoria a tu moto huyendo de la lluvia, quitándonos apresurados la ropa en el ascensor que sube directo hasta la planta 23, convirtiendo el desnudo circunstancial en otra excusa para recorrer la casa a horcajadas en un barullo de brazos, piernas y gemidos.

Cuando el viento percute la persiana contra el cristal, veo de nuevo los primeros copos de nieve posándose en tu barba, en mis cejas y mi mano dentro de tu mano guiándome al centro de tu universo por primera vez. Los amigos, las familias, los espacios, los conciertos. El agua helada. Un vermú.

Desayunábamos en un motel de carretera, “como en las películas” dijiste. Como en las películas, pensé. Volveríamos unos días después a Madrid y sus rutinas. Acababa la escapada entre pancakes y caramelo líquido, camareras de uniforme rosa, barra libre de café aguado y huevos con bacon.

Cuando el viento percute la persiana contra el cristal, pienso en los miles de kilómetros de distancia. En tu gesto rabioso y los ojos cubiertos de lágrimas. “Pero ¿cómo te vas a quedar aquí, tú sola?”. Me quedo. Aquí. Yo sola. A miles de kilómetros de tu universo, nuestra cama, tu espalda, tu abrazo, las rutinas compartidas y los planes de futuro. Me quedé. Aquí. Yo sola.

Una tarde de verano, por primera vez desde nuestro último desayuno, no fue a ti a quien acaricié. Lloré a oídos sordos del viento entonces inerte y golpeé la persiana presa de mi propia tormenta.  Llegarían otras caricias y otros acentos. Otras costumbres y otros desayunos. Nuevos sonidos tras la ventana, nuevos universos extraños, nuevas huidas, nuevas palabras de amor. New Orleans.

Pero es a ti a quien busco cuando el viento percute la persiana contra el cristal.

El cuadro, “The musician” de Tamara de Lempicka

Una canción: “Jesus, etc.” de Puss N Boots

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