Lo efímero

La sorpresa del trigo. Maruja Mallo
La sorpresa del trigo. Maruja Mallo

Echo de menos el sonido de la guitarra en la habitación de al lado, que es la forma más bonita que recuerdo de soledad acompañada. Tú allí, tan allí, tan en tu mundo. Y yo aquí, en el mío. Tan en el mío. Y las notas que nos unían en la cotidianidad compartida separada por una pared de pladur horas antes de volver a encontrar nuestros pies fríos bajo el edredón.

Nunca te lo dije, pero me parece una gran mierda todo lo que tiene que ver con lo nuestro.

Los actimel caducados en el fondo de la nevera. Las vistas al mar donde ya nunca espero reconocerte en el último baño de la tarde. La guerra entre vinilos y películas por ocupar un puesto ordenado en la estantería del salón. “¿”Harold y Maude” es tuya o mía?”. A tu caja. Qué más da.

Pensar que no habría final en este mundo donde todo acaba cada vez más rápido habría sido tan iluso como creer que no tenían importancia la pulcritud repentina, los besos que dejamos de darnos, la atención distraída y la mirada vestida de languidez y lágrimas de nuestro último viaje en aquel feo coche familiar que compraste el verano anterior.

La chaqueta de rayas ya no está colgada detrás de la puerta, pero he sido incapaz de quitar la percha o de cambiar de casa. Aunque, quizá, ya cambié. Cambié cada una de las veces que al despertar besé en un hombro una piel que no era la tuya. Con otro olor. Y otro sabor mezclado con el mío. Cambié de casa cada vez que subí la persiana a media mañana renunciando a la luz de los amaneceres norteños que visten de rosa mis muebles blancos. Los tuyos, tus muebles, aguardan ahora en un almacén a que termines la gira, tu viaje a ninguna parte.

Vuelvo a mis planes y a mis libros. Mañana entrego el quinto volumen de la saga que empecé cuando todavía no eras ni siquiera una posibilidad. Cuando me elegías lecturas sin saberlo y yo paseaba de la mano de la persona equivocada atravesando Berlín. Vuelven los viajes, las entrevistas, los programas de televisión. Y saldrán titulares que me recordarán que fracasé. Que fracasamos. Que no supimos nadar cuando todo era agua porque, en el fondo, los dos, lo mejor que hacemos es hundirnos.

El cuadro, “La sorpresa del trigo” de Maruja Mallo.

La películaHarold y Maude” dirigida por Hal Ashby en 1971.

Un libro, “El viaje a ninguna parte” de Fernando Fernán Gómez.

Una canción, “Oda al amor efímero” de Tulsa.

 

 

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