Marcelo y sus flores

Marcelo y sus flores de papel llenaban de color el viejo vagón de metro.

Marcelo, sombrero, pendientes de pirata y ojos de hombre feliz, cortaba y recortaba trocitos de papel de seda y los convertía en flores que regalaba a cada sonrisa.

Su nada improvisado show en un escenario improvisado de miradas que miraban atentas, labios que seguían a los ojos y un montón de niños que se habían sentado alrededor.

Tan pronto hacía girar miles de veces pequeños papeles de fumar como sacaba de su costurero de mimbre una sorpresa detrás de otra. “Qué guapa está usted hoy, señora, tome una flor” y la octogenaria dama le miraba coqueta y agradecida.

Marcelo y sus flores recorren la ciudad por debajo, por donde la tristeza hiere de muerte y la esperanza es sólo una estación de metro. Es una hada madrina vestido de harapos que siembra de primavera todo lo que toca llevando los colores allí donde lo gris ha ganado la partida.

Marcelo se sabe mirado, sabe que es bien acogido y le gusta lucirse como un gato en celo. Distinto a todas las personas que se ganan la vida en el metro: él no tiene prisa y no pide dinero. Va sentado y hablando, somos su público. Un público entregado que se viste con leotardos verdes y pone las manos en las caderas soñando con no crecer nunca mientras ve emerger otro conejo de su chistera. Él se luce y seduce y hace flores y regala sonrisas y risas, y cuenta aventuras que inventa o recuerda mientras hace una flor y otra flor y una mariposa con papel de fumar.

A veces sucede que una flor de papel es el diamante más valioso del mundo.

La foto, intenté hacérsela a Marcelo. Se le ve un poco, bajo el sombrero gris.

Una canción, por supuesto, “Dolores y José” de Miguel Dantart (aquí en YouTube)
Marcelo me ha recordado, claro, a otro cuento que escribí con otro Ser Mágico que me encontré un día en el tren: “El teatro rodante de Magda“.
Al llegar a casa, estaban poniendo en Redes un programa sobre optimismo. Hablaban de los Optimistas Pragmáticos. Dejo aquí el enlace.
 
He coincidido con él hoy, 10/3/2013 sobre las 20h en la línea 1. No sé si se llama Marcelo. Sólo sé que ha hecho sonreír a un vagón entero de metro en un recorrido que hago todos los domingos rodeada de caras tristes y silencio sepulcral. Si “Marcelo” lee esto algún día, un millón de gracias.
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