La soledad de Plutón

No es fácil dejar de ser un planeta. Pasar de la noche a la mañana de ser uno de los grandes 9 a convertirse en uno más. En algo más. En poco más que insignificante polvo de estrellas.

No es fácil recoger tus cosas de planeta en cajas de cartón y abandonar la fila india estelar que gira alrededor del Sol.
No es fácil cerrar la puerta de nube sin dejar un rastro de estalactitas de lágrimas en lo que fue la posición del planeta más alejado del núcleo de calor. 
Pero lo peor. Su familia y sus amigos se enteraron por la prensa. El preferiría no haberlo dicho, haber seguido girando sobre sí mismo en la posición que tuvo desde que alguien decidió que allí estaba él. Y que era un planeta.
La agencia de comunicación del sistema solar que abandonaba se limitó a emitir un comunicado de prensa con el siguiente texto que, a día de hoy, aún podemos leer en Wikipedia: “En la Asamblea General de la Unión Astronómica Internacional (UAI) celebrada en Pragael 24 de agosto de 2006 se creó una nueva categoría llamada plutoide, en la que se incluye a Plutón. Es también el prototipo de una categoría de objetos transneptunianos denominada plutinos“. Y, para adornarlo, quizá. Para contentarlo. Para que consiguiese trabajo más rápido o para sentirse menos culpables, añadieron: “Plutón posee una órbita excéntrica y altamente inclinada con respecto a la eclíptica, que recorre acercándose en su perihelio hasta el interior de la órbita de Neptuno“. Y allí estaba él. Con su órbita excéntrica y altamente inclinada, con una caja de cartón y ningún sistema planetario al que servir.
Plutón se sintió solo. Y recordó aquella canción que el planeta Tierra estuvo cantándole todo un verano algunos años atrás “como un burro amarrado a la puerta del baile”. Se sintió como un objeto valioso que se guarda al final de un cajón, para que no se pierda o para moderar su uso y de tan escondido, olvidamos que existe y no lo usamos más.
Por la vía láctea aún retumbaba el eco de las últimas palabras que había oído: “Eres tan valioso, Plutón”. Tan valioso que lo dejaron marchar sin haberle dado siquiera la oportunidad de demostrar lo que ese planeta enano era capaz de hacer.Sin haber disfrutado de su rica geografía. Sin haber mirado al otro lado de la pequeña gran esfera. 
Plutón se fue. Solo. Lejos. Sintiendo que nadie le había dado nunca una gran oportunidad.
El cuadro, Soledad, de Marc Chagall
Una canción, “Enemy” de Jack Johnson.
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