Mathew y la luna

El trabajo de Mathew era rellenar la Luna. Todas las mañanas se levantaba y rellenaba el cuerpo celeste de masa lunar compuesta por algodón,  pétalos de orquídea y jazmín, polvo de estrellas y azúcar glass.

Mathew rellenaba la luna por los agujeros de los volcanes con un tubo de goma de color rojo y mucha paciencia. Cuando el relleno de luna se terminaba, la Luna sonreía redonda y feliz a todo aquel que disfrutara mirándola. Se sabía bonita y subían las mareas y se alargaban los días y los besos se regalaban por doquier. Pero rellenar la Luna tan rellena dejaba a Mathew sin una sola gota de masa, así que la Luna, juguetona y caprichosa, decidía volver a vaciarse poco a poco mientras Mathew se afanaba en volver a recopilar todos los fantásticos ingredientes de su misteriosa pulpa. El proceso era tan laborioso que tardaba 14 días en fabricar la enorme cantidad que la enorme Luna necesitaba. Por eso, una vez cada 28 días, la Luna se vaciaba y se oscurecía y Mathew se apresuraba para que rebosara y volviese a lucir, blanca y redonda.

Los ciclos lunares que vemos desde la Tierra tienen su origen en el afanoso afán de Mathew llenando la Luna, y en el desdeñoso (y cariñoso) desdén de la Luna, que juega a vaciarse porque sabe que así tendrá a Mathew cerca, cuidando de su inmensa y blanca luz.

El cuadro, “El concierto” de Marc Chagall
Una canción, que me ha enamorado “Somewhere over the rainbow” cantada por Israel “IZ” Kamakawiwo’ole
*** Este cuento tiene una misión: ser contado al oído, justo antes de dormir. ***

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s