Tres

Tengo una tendencia repetitiva a que no exista en lo real el lugar donde deposito mis anhelos, mis sueños o mis deseos.

Te lo dije anoche, cuando viniste a que te explicara por qué mientras apenas me rozabas, con suavidad, los labios. Tu sonrisa lo explicaba todo y la mía te otorgaba la victoria en una guerra que debería ser paz.

Susurro para no despertar a la negación. Porque quizá mi voz puede romper en mil pedazos el Palacio de Cristal y la reconstrucción hipotecaría las incertidumbres del futuro simple y del porvenir por venir.

El armisticio se firmará ante los ojos dominantes de fuego y azul en el lugar donde el frío no existe, donde el tiempo y Dalí, donde amor y amar. La oveja negra en el país de los no. No sé. No sé. Y tú sí. ¿Sí?

Qué más da. Por una vez las rosas rojas, las nubes blancas, el cielo azul. ¿Y el mar? Azul o verde o gris.

Volverás de nuevo. Tan cerca. Tan intenso. Tan neutral para mis sentidos, aún. Volverás con una nueva montaña de tarjetas con la misma pregunta.

Si respondo, los copos de nieve cubrirán el suelo de la bola de cristal.

El cuadro, “Pierrot y bailarina” de Picasso
Una canción, “Kissing Through Glass” de la BSO de “Un largo domingo de noviazgo”

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