El Teatro Rodante de Magda

Magda subió al tren de un salto. En la mano derecha, una caja negra. En la mano izquierda, su bolso hecho de retales. Magda subió al tren de un salto, lo recorrió de una punta a otra, riendo y saltando, despertando la atención de los viajeros que dormitaban en sus asientos o se perdían en distraídas charlas o buceaban entre las letras de sus libros o entre las mil notas de sus mp3. Magda subió al tren de un salto, lo recorrió de una punta a otra y sacó de la caja negra un cartel que ponía “teatro rodante” que colgó, de la percha que lo coronaba, de la barra de metal donde se sujetan, con la mano, los viajeros que van de pie. Magda era una auténtica cocinera de magia y, por eso, sacó de su escaso equipaje, tres marionetas y un antifaz. Se cubrió la cara con él y, de pronto, la magia empezó a hervir. El guiso desprendía el aroma de una pieza teatral mini, contada con la premura de los que tienen sólo dos paradas para dar todo de si. Como los antiguos juglares, Magda narraba la historia de un payaso que, desesperado, buscaba por las estrellas el agujero por donde había caído su trapecista en un arriesgado salto mortal. Gestos, palabras musicales, tremendos ojos llenos de vida y un amor por el teatro que la convierte, a ella, en un completo “teatro rodante”. Sí. Después… Después un gorro boca arriba, una mirada cómplice y una sonrisa agradecida de justa recompensa.
El cuadro,“Bailarina de circo” de Chagall (que a lo mejor ya he usado, pero que “tenía” que estar aquí)
Un texto, de Galeano, “Ventana sobre la palabra” (que copio aquí):

Magda recorta palabras de los diarios, palabras de todos los tamaños, y las guarda en cajas. En caja roja guarda las palabras furiosas. En caja verde, las palabras amantes. En caja azul, las neutrales. En caja amarilla, las tristes. Y en caja transparente guarda las palabras que tienen magia. A veces, ella abre las cajas y las pone boca abajo sobre la mesa, para que las palabras se mezclen como quieran. Entonces las palabras le cuentan lo que ocurre y le anuncian lo que ocurrirá.

Este texto lo musicó Sergio Sleiman en una canción fascinante, “Magda”.

No sé si se llama Magda, pero esta historia es real, la teatrera rodante existe y he tenido el privilegio de toparme con ella esta mañana en el tren, rumbo a casa de mis padres.

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