La boulangerie d’Anette

Anette no nació en Francia, pero su memoria no remonta más allá de sus paseos por París, sujeta a la mano temerosa de su madre, estigmatizada emigrante española de los primeros años de dictadura. Estigmatizada sólo se sentía su madre, porque Anette se desenvolvía risueña en un entorno lleno de colores y sabores nuevos, lleno de música en la voz de las personas, con muchos juegos por aprender y mucha gente por conocer.

A medida que pasaban los meses lo de conocer gente fue lo más sencillo: su padre había abierto una modesta panadería que, en principio, sólo hacía pan a la española para alimentar el hambre de patria de los refugiados políticos y la niña entraba y salía del mostrador, luciendo coqueta los atuendos que ella misma se fabricaba siendo, de forma continua, el centro de atención. El negocio marchaba bien y, poco a poco, fueron introduciendo nuevos dulces y sabores. Bizcocho borracho al estilo alcarreño. Dulces de mazapán dignos de compararse con los de Toledo. Almendras garrapiñadas, como las que hacen las monjas. El poder adquisitivo de los amigos del padre de Anette iba mejorando muy poco a poco, y eso se notaba en el escaparate de una pastelería cada vez menos modesta y más bonita.

Anette era feliz en París. Tenía su grupo de amigos franceses (no le gustaba el entorno marginal que le atribuía a los chicos y chicas de su edad hijos de españoles, españoles como ella) y remarcaba siempre la t al final de su nombre. Aunque ella, para su familia extensa siguiera siendo Anita. Anette fumaba en boquilla, escuchaba a Edith Piaf y se calaba su boina negra mientras se emocionaba al escuchar el “Allons enfants de la Patrie”. Anita ayudaba en la pastelería los fines de semana, a veces con su madre en el horno, a veces despachando con su nada disimulado gracejo madrileño con acento francés, al otro lado del mostrador.

Un buen día, a finales de los 60, los padres de Anette decidieron volver a España. Echaban tanto de menos su tierra que pensaban que morirían de tristeza si no regresaban allí pronto. Embalaron sus cosas, trataron infructuosamente de convencer a su hija para que los acompañara, y pusieron rumbo a Madrid dejando a una joven Anita de 25 años al frente del negocio familiar. “Al menos” pensaron “tiene medios para salir adelante ella sola”.

Anette sofisticó el negocio. Se especializó en productos franceses de mucha calidad. Pronto sus recetas se hicieron famosas en el barrio, en el distrito, en el departamento, en la ciudad. Pronto coches del Elíseo venían a recoger encargos y más encargos… O esa era, al menos, la plasmación mental de su deseo. Porque las cosas no iban bien. No iban nada bien. Ni en el negocio ni en el amor.

El 20 de noviembre de 1975 Anette recibió un telegrama: el dictador había muerto. Su padre, también. Aquella doble noticia le sirvió a Anette para empaquetar sus últimas pertenencias y decidirse a volver a España.

Una vez en Madrid se decidió a abrir una pastelería que era una réplica de su negocio francés. Una pastelería con 4 ó 5 pequeñas mesas para tomar café. Una pastelería que sólo sirviera productos franceses, porque estos españoles no saben comer pan. Una pastelería selecta y exclusiva que volvería a situarla en la cumbre de su glamour de antaño.

Una pastelería que fue una ruina y que se salvó de la quiebra al ser absorbida por una cadena de panaderías que ponía el dinero quedándose con la propiedad, mientras la consentían quedarse allí trabajando como encargada . Una pastelería que se convertiría en una cárcel de cadenas invisibles y que la hizo envejecer al doble de la marcha normal. Una pastelería repleta de clientes que se quejaban de la dureza de sus productos sin entender que, aquello, era la máxima sofisticación, y que el pan equivocado era el blandísimo pan español.

Su pelo se cubrió de canas. Su voz se tornó desagradable. Su cuerpo empezó a acusar el duro trabajo físico al que se enfrentaba a diario y comenzó a deformarse. La jovialidad que había sido siempre su tarjeta de presentación se tornó en mutismo selectivo y en un trato especialmente desagradable con los clientes.

La vida de Anette se convirtió en un juego de rutinas de interminables jornadas de trabajo, de horas detrás del mostrador o delante del horno, de rostros que reaccionaban desagradables ante su presencia, de infelicidad constante. De paseos que daba “porque había que darlos” y de comidas que comía “porque había que comer”.

Hace unos días que su panadería está cerrada. Hoy he visto cómo cambiaban el nombre del letrero. Sigue el de la franquicia, pero ya no está la doble tt que jugaba divertida sujetándose de la e. Nadie sabe qué ha sido de Anette, pero yo quiero creer que por fin ha vuelto a Francia y allí, a su modo, ha encontrado la felicidad.

El cuadro, “Mujer con espejo y orquídea” de Max Beckman
Un libro sobre perdedores de la Guerra Civil, “Los girasoles ciegos“, de Alberto Méndez

Este cuento surgió mientras tratabas de morder un durísimo croissant. Te lo conté con el calor aún reciente y acompañado de tu habitual sensación de urgencia. Es tuyo. Cuídalo y léelo sin prisa.
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7 comentarios en “La boulangerie d’Anette

  1. El martes pasado echaron en Telemadrid un episodio del programa “Madrileños por el mundo” (que, por cierto, está muy bien) sobre París. No fue de los programas más destacados de esta serie, fue un poco tópico para turistas. En último lugar entrevistaron a una ingeniera nacida en el barrio de Salamanca que vivía en pleno centro de París en un minipiso. Se dedicó a soltar toda clase de tópicos sobre los franceses hasta resultar tremendamente desagradable y hasta hacer preguntarte de donde había salido semejante jumento. Pero, en realidad, lo que ella expresaba es lo que oigo todos los días a pié de calle sobre Francia y los franceses, lo que piensa el madrileño de a pié porque es lo que escucha desde que nace. Personalmente, me gustaría exiliarme a Francia, un país con muchas enfermedades, como casi todos hoy, pero con infinitamente más cultura de convivencia, libertad individual y menos autocensura de pensamiento que este infecto trozo de tierra al sur de los Pirineos. Y el pan y el queso que hacen está infinitamente más bueno que en España.

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  2. Personalmente creo que, a estas alturas de mundo globalizado, las diferencias entre personas no son las que marca la nacionalidad, sino otro tipo de variables (la educación, la cultura, el poder adquisitivo y, como he leído esta tarde, el acceso a banda ancha). Esta conversación (que convertiré en post) la tuve con unos amigos berlineses que se habían recorrido medio mundo en mode erasmus o viajes de estudios. La misma generación, los mismos intereses sociales, parecida inclinación política, intereses artísticos (musicales, cinéfilos, pictóricos) parecidos… Éramos más semejantes que cualquier Jenni de Móstoles (que aunque el cliché no sea ni justo ni cierto, nos sirva para entender a lo que me refiero) o a las hijas de Isabel Preysler, siendo todas de nacionalidad española. No creo que sea muy diferente vivir en Madrid o vivir en París (es diferente en el matiz, pero no en el grosso modo) y panes franceses encuentras en la c/ Hortaleza y quesos franceses en la c/ Argensola. Tampoco creo que los franceses, como “ente” sean más liberales que los españoles, como “ente”. Terminarías moviéndote en horizontal, igual que aquí, entre tus iguales, que no serían muy diferentes de tus iguales patrios. Una de mis compis de piso es francesa y, aunque se queja todo el tiempo de los españoles, no la veo yo muchas intenciones de volverse a su país… Lo bueno está donde lo encuentres, pero no creo que haya una receta mágica ni una ciudad milagrosa. Besos!H

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  3. Tengo que disentir. Una cosa es la cultura global y las inquietudes del ser humano, vale, aceptamos barco; estamos en un mundo cada vez más globalizado y dentro de la cultura occidental tenemos bastantes puntos en común, cierto, incluso con algunos chinos existe un grado de empatía muy grande cuando voy a comprarme las palmeras de chocolate y hablamos de lo divino y de lo humano, de acuerdo. Pero en cuanto a la educación y la cultura más en el plano local creo que siguen existiendo diferencias, y grandes, entre los franceses y nosotros. Yo te hablo de lo que noto cuando voy por aquellos lugares. Cuando atravieso la frontera respiro con la ausencia de algunas costumbres muy molestas que hay por debajo de los Pirineos. Es como si de pequeños no nos inculcaran el ponernos en lugar de los demás cuando hacemos algo que pueda estar jodiendo al prójimo, como si no nos hubiesen colocado el cableado necesario para pensar en la libertad del vecino (de la Koinonía ni hablemos, claro). En Francia se respetan mucho más las normas en casi todo y se trata a la gente con bastante más respeto (bajo mi punto de vista. También depende de cada zona, pero en lineas generales yo pienso que es así. Te recomiendo que si puedes viajes al sur y te pierdas por el campo, o a la Provenza, aunque sean un poco más pijos. Te lo digo yo que no puedo separarme de esta puta ciudad demasiado tiempo porque la echo de menos, pero que reconozco que es un foco de mugre, de mala leche, de gente molesta y de ruido insoportable. En cuanto a lo del queso y el pan, jejeje, no estoy en absoluto de acuerdo, sobretodo con lo del queso, porque afortunadamente aquí sigue existiendo el pan de hogaza de Astorga. Imagino que ya lo habrás hecho, pero por si no te recomiendo que hagas un viaje sin avión de por medio. Y también te digo otra cosa, viajar por el campo en Francia es mucho más barato que por España, aunque parezca mentira. Y los marroquíes venden unas cebolletas estupendas en los mercados de los domingos de los pueblos. Por su causa tengo siempre tan mal aliento al pasar la frontera.

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  4. Hola anonimo, (como ves yo también lo soy). A diferencia tuya viajé poco por falta de posibles, lo cual me ha servido para dos cosas: comprobar que para sentir la diversidad del mundo y el respeto por el otro NO hace falta viajar; y, segundo, conocer en profundidad lo que se denomina L'Espagne.Viendo tu comentario está claro que perteneces al grupo de los denominados papanatas hispanos, es decir, aquellas personas que solo alaban lo de fuera denostando lo de dentro (quizás por no aceptar su propio origen, familia, status, etc).El comentario de Henar es mucho mas acertado que el tuyo.Y decirte que tu modo de escribir es genuinamente español.Por ultimo decirte, que aqui nuestros compatriotas gitanos venden unos pepinillos en los mercadillos que tiran de espalda…

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  5. Ostras, una réplica del debate nacional en mi propio blog!!!No creo que la cuestión esté en comparar qué es mejor o qué es peor. A cada uno nos gustarán unas cosas a las que accederemos más fácilmente aquí o allí. ¿Tópicos? Uf, no gracias. Ni “los franceses son muy liberales” ni “vaya con los gabachos”. La primera vez que estuve en Francia (con 14 años) me sorprendieron un montón de cosas, y la diferencia entre culturas me parecía insalvable. Ahora tengo que ir a menudo por trabajo (trabajo en una empresa francesa), y no veo esa diferencia. Para mí es mucho peor (en cuanto a diferencia) cuando voy a Asturias, que entre mi familia y sus amigos soy una especie de marciano trompetero. Nadège, mi compañera de piso francesa, se queja de las mismas cosas que el penúltimo anónimo: del ruido, de que la gente empuja, de la suciedad… Pero suspira aliviada porque tiene la sensación de que la gente es mucho menos crítica hacia los demás, más tolerante, más feliz. Y, sobretodo agradece, que aquí no siente la obsesión por el culto al cuerpo que la presionaba en Francia. Claro que ha ido a parar a una casa donde la última innovación estética ha sido mis pintas de José Luis Moreno en rueda de prensa después del atraco, y que Carmen y yo pasamos bastante del tema… Pero sigo diciendo que esto son casualidades. A Nad todavía la escandalizamos en muchos temas. Pero ni ella es representativa de su patria, ni lo somos nosotras. No he tenido el placer de recorrer Francia en coche. España sí, con mis padres, e Italia también. Y Cuba. Y he pasado muchas vacaciones en Berlín (en bici, pero no conozco nada más de Alemania), y sigo pensando que las diferencias culturales (que ¡¡por supuesto que las hay!!) son muy sutiles en el caso de las capitales europeas. Un gafa-pasta es gafa-pasta aquí o en París, y una Jenni es una Jenni aquí y en Berlín. Vemos las mismas series, escuchamos la misma música, accedemos todos a la red en bad english y consultamos la wikipedia… De acuerdo, yo como tortilla de patatas y ellos Falafel o Ratatouille, pero por lo demás…Y una cosa. Nunca digo nada de los comentarios y no los tengo moderados. Me gusta la diversidad de opiniones (dialéctica pura) y me gusta discutir, pero no me gustan las faltas de respeto ni los comentarios despectivos. Al último anónimo, al que agradezco el post, porfa, con cariño. Para insultarse ya tenemos a los políticos. ¡Besos!Henar

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  6. jajaja, hola, soy el primer anónimo. Creo que no he insultado, sólo opinado, y que alguien se ha sentido aludido je. Eso de que no hace falta viajar, uf, me hace reír un poco, pero en fín. En cuanto a conocer España, pues conozco, por diversas razones, bastante bien algunas partes de España. Conozco Francia bastante más que el resto de españoles, por razones que omito, pero digamos que viajo bastante habitualmente por allí, y lo suelo hacer en coche, a pié de calle. Me reconozco dentro del papanatismo español, eso también es cierto, porque somos, si nos miramos al espejo, bastante papanatas, pero eso resulta también bastante gracioso a ratos, aunque a veces es irritante. Por cierto, cuantas cosas tenemos en común en cuanto a viajes Henar (otras cosas también, pero las omitiré para poder seguir en el anonimato). Me encanta Berlín (y las jam sessions míticas de cierto grupo..), aunque me parece un poco una isla en Alemania, no puedo decir lo mismo de Italia, que me parece un poco llena de depredadores y de cartón piedra…. y Cuba en coche, cielo santo, por favor, abre un post y cuenta como te fue por allí, porque mi experiencia fue tan surrealista e increíble que me encantaría saber más. Mi viaje soñado es volver y recorrer desde La Habana a Santiago sin pasar por la autopista 1 (y sus peligrosos pasos a nivel sin barreras junto a sus ciclistas nocturnos sin luces). Sería un trayecto difícil, porque las carreteras son como montañas rusas con agujeros como cráteres. Henar, no me tengas manía jeje. Me gusta un poco discutir y muchas veces llevar la contraria. Prometo no insultar en tu blog (raro en mí también). Encantado de hablar contigo desde el anonimato. Y no daré la brasa más, también palabra.Al menos, de momento.

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  7. Dios, ¡¡¡cuánto anónimo tengo!!! Vale la pista de la jam, por lo menos te ubico en algún circuito!!El tono insultante lo tenía el último anónimo, que además me ha sonado a cabreo irritativo chez jimenezlosantos (sin ánimo de ofender). Se puede diferir (que es sanísimo, creo que no hay nada mejor que estar en desacuerdo para conocer mejor los agujeros que pueda tener la opinión de uno), pero hay que argumentar las cosas. Y yo, contra los insultos estándar, ni me molesto en discutir.Los alemanes que conozco (que da la casualidad que son muchos y de distintos puntos de Alemania, aunque residentes todos en Berlín) coinciden contigo en lo de que Berlín es una isla, por eso he matizado que conozco bien Berlín, pero no Alemania. Italia… mi hermano ha vivido allí y allí vive mi mejor amiga. He estado unas cuantas veces. Y tiene cosas maravillosas y cosas feas. Tienes razón, lo de Cuba daría para varios post (estuve un mes allí, con amigas, en un fiat uno y lo último que se me ocurriría repetir en mi vida (así que, seguro que lo repito) fue ese viaje ida y vuelta habana-santiago con parada en todas las estaciones en aquella terrible carretera que lo peor que tenía no eran los pasos a nivel sin señalizar, era la ausencia de señales y, a ratos, la ausencia, incluso, de carretera). Hay un tabú en ese viaje, cuando me deshaga de él, contaré y pondré fotos, descuida.Viajar es bonito si llevas la cabeza abierta a aprender y a disfrutar siempre. Aquí o en Kuala Lumpur.Y no das la brasa, en absoluto. Me gusta esto de los anónimos, mientras respeten las normas de respeto que marcan este blog. Eso sí, si vais a entrar en un rifi- rafe, que sea en un cuadrilátero a lo pressing catch, yo hago de comentarista.Besos!H

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