Gerardo


Gerardo leyó un anuncio en la prensa “Se necesita editor de contenidos internet para importante empresa multinacional.” Sin pensárselo dos veces envió un e-mail a la dirección que indicaban. Llevaba mucho tiempo buscando la forma de dejar de ser teleoperador, harto de tantos insultos y tantas reclamaciones, y vio en aquel anuncio la solución a todos sus problemas.

La respuesta fue casi inmediata. Rellenó el cuestionario de solicitud que le adjuntaban, lo envió, y esperó durante semanas una respuesta que no llegaba. Su teléfono sonó una fría mañana de noviembre: se incorporaría al puesto, a modo de prueba, ese mismo lunes. Se le exigía buena presencia y, sobre todo, buena disposición.

No le desanimó lo que se encontró: una oficina vacía, una mesa con un ordenador en mitad de la sala y un ambiente gris y, de alguna forma, inquietante. Parecía como si lo estuviera viendo con un efecto de ojo de vaca. Le sorprendió que allí no hubiera nadie más y comenzó a saludar a gritos, cuando descubrió una nota sobre su escritorio. “Enciende el ordenador”. Se sentó sintiendo un escalofrío que le recorría la espalda, mezcla de frío y estupor. Encendió el ordenador y de inmediato se ejecutó una presentación powerpoint, que le daba la bienvenida y donde le explicaban sus tareas del día. No tenía compañeros, no tenía a nadie a quien dirigirse, sólo una dirección de correo electrónico por si surgían dudas, su ordenador, y una cafetera mohosa en una esquina de la habitación. Ese lunes Gerardo tenía que escribir un listado de nombres propios que le resultaran sugerentes, en español y en inglés. Tenían que ser nombres posibles de personas, nada de exotismos, nombres de la mujer a la que querríamos por novia, el nombre de nuestro mejor amigo… Durante 8 horas debía elaborar un listado de 200 nombres y apellidos para los dos idiomas. Sin quitarse la chaqueta, se enfrascó en la tarea, descansando media hora para comerse un bocadillo de jamón y una cerveza, y subiéndose la solapa, tratando así de engañar a la corriente de aire que insistía en acariciarle la nuca.

Cuando llegó a la mañana siguiente se encontró el mismo panorama y la misma nota, “Enciende el ordenador”. Lo encendió y otra presentación de powerpoint le dio la bienvenida. Una parte del listado de nombres que había hecho el día anterior estaba desestimada, debía repetirlos. Además, debía hacer un listado de formas eufemísticas de denominar al miembro viril en castellano y en inglés.

Los días se sucedían y sus tareas iban variando: eslóganes para vender medicamentos, eslóganes para promocionar casinos y loterías… Hasta que, una semana más tarde, al encender el ordenador, se encontró una novedad en su powerpoint, la primera pantalla decía “Enhorabuena, pasas a formar parte del equipo SpamTeam Co. . Tu labor consistirá en llenar de spam la red. Tienes configurado en tu outlook las 200 cuentas desde donde se enviarán los correos. Los nombres de los “usuarios” te resultarán familiares. Durante el día de hoy los correos que enviarás serán para promocionar Casinos online. Utiliza las creatividades que has hecho y comienza a enviar”. Gerardo no podía creerse lo que estaba leyendo. Sentía náuseas y un tremendo vacío interior. Cuando había llegado a aquella oficina por primera vez ya había empezado a sospechar que no sería allí donde olvidaría el mal sabor de boca que le habían dejado sus años como teleoperador, pero no esperaba caer tan bajo en el mundo de las nuevas tecnologías.

Los seres humanos tenemos automatizadas nuestras respuestas, es economía evolutiva, y la respuesta de Gerardo ante tan descorazonadora perspectiva fue ponerse a trabajar. Trabajó todo el día sin darse una tregua para conmiserarse. Trabajó para no tener que pensar en lo que estaba trabajando. Trabajó porque era lo único que sabía hacer.

Cuando terminó de inundar los buzones de correo electrónico de la población mundial de ofertas para entrar en fabulosos casinos, comenzó la venta de “Viagra” y otros medicamentos. Le siguieron las “fotos del verano” y, especializándose un poco más se atrevió con “mira esas fotos”. Tres semanas después la actitud de Gerardo había cambiado. Decidió tomarse su trabajo como un desafío y fue entonces cuando llegó el gran reto: los alargamientos de pene. Por fin tenía ocasión de explorar su lado más creativo, más poético, buscando toda clase de circunloquios para evitar mensajes directos y dar en el punto clave para que el receptor abriera sin dilación aquel spam que le prometía igualar su miembro al de Nacho Vidal. Llegaron entonces los “Prepare your love wand for the next battle”, “ If you treat your filly as a goddess, why not became a God in her bedroom?” y “Make your penis the sweetest thing on Earth”.

Gerardo se hizo un adicto al trabajo. Sólo podía pensar en el siguiente spam que enviaría. Todo su tiempo de ocio lo dedicaba a buscar metáforas, a imaginar productos y a soñar con miles y miles de ordenadores infectados de spam.

Un día, al llegar a casa, abrió su correo personal y pinchó en el mail que le enviaba Terrie Fannie anunciándole que “ MORE-SPERM cum pills will make your dream come true in a blink of an eye!”. Sin pensárselo dos veces, Gerardo pinchó en el enlace.

La foto, no sé el nombre, de Andrzej Dragan.

Este cuento tiene su origen en un post que publicó Silverado hace unos días. El tema de los “productores” de SPAM siempre me ha llamado mucho la atención y, por lo visto, no a mí sola.
Una recomendación, que no tiene nada que ver con el cuento, “La cocina de los monólogos” en el Teatro Fígaro de Madrid. Yo, que no soy muy de monólogos, me lo pasé pipa el jueves en el estreno.
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2 comentarios en “Gerardo

  1. Simplemente… Genial. Me pregunto qué hubiera pasado si Gerardo sintiera responsabilidad ante los correos que manda y quisiera probar todos y cada uno. Primero se arruina (o se hace rico) en el Casino y luego… mmm se abren todo tipo de posibilidades.

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